Un taxista perplejo

Todo empezó en un taxi. Llegaba tarde a recoger a mis padres para viajar a Jerez en tren y tomé uno cerca de casa para ir a la estación. El conductor estaba escuchando en la radio las críticas mordaces de un periodista sabelotodo hacia la Iglesia católica. Después de saludar al taxista, los dos escuchábamos en silencio la voz de un profesional de la comunicación que aprovechaba unos minutos de micro para calificar a los católicos de intolerantes por participar en un encuentro festivo de las familias cristianas en Madrid.

El taxista estaba totalmente de acuerdo con el locutor y movía la cabeza asintiendo, a la vez que con el rabillo del ojo me miraba desde el espejo retrovisor. De repente, el taxista exclamó:

Es que la gente no se da cuenta de que el Opus y la derecha son lo mismo.- me dijo, convencido, esperando que el cliente le diera la razón.

Pues fíjese usted: yo soy del Opus– le dije.

Inmediatamente, me miró desde el espejo y sus ojos reflejaban bastante perplejidad. No esperaba encontrarse en un barrio de gente muy trabajadora, el Cerro del Águila, en Sevilla, a uno del Opus, que vive allí desde hace once años y está muy orgulloso de su gente y de su barrio, y que no tenía ninguna pinta de estar forrado.

Iniciamos una conversación estupenda. Yo le dije que era periodista y que en algunos medios de comunicación está de moda meterse con la Iglesia católica. Es gratis y además vende.

Le expliqué como pude que en el Opus Dei he aprendido a luchar para encontrar a Dios en el trabajo de cada día, a comprender a los que no piensan como yo, a intentar estar alegre siempre y ayudar en lo que pueda a los que están a mi alrededor. Muchas veces no lo consigo, pero lo intento una y otra vez.

Y, eso, que yo sepa, no es ni de izquierdas ni de derechas. Eso es sencillamente un comportamiento que intenta ser cristiano.

Me cayó bien el taxista. Le pedí que, si era creyente, se acordara de rezar por mi.

Creo que esbozó una sonrisa cuando nos despedimos. Como se dice en Sevilla, el taxista era tela de buena gente.

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6 Responses to “Un taxista perplejo”


  1. 1 Néstor 17 enero 2008 en 9:28 am

    ¡Sielos! ¿Y no estás forrado? Pues mira que teníamos las esperanzas puestas en ti…
    Parace que se ha puesto de moda criticar con razón o sin ella lo que no se conoce.

  2. 3 juanjomolina 17 enero 2008 en 11:15 am

    Efectivamente, Néstor. Está de moda… Pero tengo la segura convicción de que se trata de una moda pasajera, o si lo prefieres, coyuntural. Lástima que te haya “decepcionado”… La verdad es que de forrado, nada!!

  3. 4 juanjomolina 17 enero 2008 en 11:16 am

    Ángel. Gracias por pasarte de nuevo a este Café de Redacción. Un saludo y gracias por tu blog

  4. 5 Plácido 28 enero 2008 en 9:05 pm

    Da alegría escuchar testimonios como el tuyo. Con naturalidad has sabido hacer “caer del guindo” a ese taxista bueno, pero desinformado. Y es que hay mucha gente que habla de oidas. Repiten -sin haberlo reflexionado mucho- cosas que han escuchado en un programa de televisión o en una tertulia, en el bar. Si antes de realizar una afirmación o un juicio de valor, lo pensáramos dos veces, seguro que nos callaríamos la mitad de ellas. Yo el primero.

  5. 6 juanjomolina 29 enero 2008 en 11:08 am

    Gracias, Plácido por tu acertado comentario. Un abrazo y nos vemos en febrero.


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