
El Mundo Andalucía, 30 de marzo de 2008.
JUAN MIGUEL VEGA
SEVILLA.— Se ha convertido en el referente de la batalla legal entablada por un sector de la sociedad civil contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Carlos Seco Gordillo (Sevilla 1963) es abogado; en esa condición y, sobre todo, en el hecho de tener tres hijos en edad escolar, radica su decisión de enfrentarse a la Administración. Aunque militante del PP, afirma actuar desde la más absoluta independencia. No pertenece a ninguna plataforma. Ha recurrido personalmente el curriculum de la asignatura y, como abogado, representa a más de cuarenta personas que han presentado un recurso similar o a las que les ha sido denegada la objeción de conciencia.
Respuesta.— Dos no, muchísimas veces. Sabía que era una lucha muy difícil porque me enfrentaba solo contra la Administración; soy abogado ya sé lo que es eso. Y además sabía la trascendencia que tendría el asunto. Pero yo creo que muchas veces tenemos que planteamos hasta dónde estamos dispuestos a ceder en nuestra libertad. Hay momentos en que los ciudadanos tenemos que defender nuestra libertad sea cual sea el precio que tengamos que pagar por ello. Si en una democracia no podemos defender nuestra libertad es que no existe una democracia real. Esto, en el fondo, es una batalla por la libertad porque nuestro planteamiento no supone imponer a otros padres nuestras ideas, si-noqueas respete nuestro ámbito de libertad.
R.— Que existe indolencia es cierto, pero cuando te metes en un asunto como éste, en el que te enfrentas a una Administración que no funciona correctamente, empiezas a conocer gente y a ver que no hay tanta indolencia. De hecho, en Andalucía se han presentado tres mil quinientas objeciones contra Educación para la Ciudadanía, y esa es sólo la cifra contabilizada por las plataformas contra la EPC; hay muchas más. Es cierto que no todo el mundo es capaz de dar el paso adelante, pero también es verdad que hay mucha gente que silo hace. Gente con férreas convicciones personales, ya sean de tipo ético o cultural, y estoy pensando, por ejemplo, en la pelea que están manteniendo una serie de organizaciones conservacionistas en la zona del Aljarafe por la protección de unos restos arqueológicos.
P— ¿Le ha recomendado mucha gente que no se señale, esa frase que se creyó muerta con el franquismo pero que ha reaparecido?
R—Muchas veces. Y también me han preguntado sino he medido las consecuencias que puedan tener los pasos qué estoy dando. Alguien me decía: «Oiga, es que usted está jugando con el futuro académico de sus hijos». Yo no, la que lo hace es la Administración con esta asignatura, lo que estoy es tratando de impedirlo. ¿Que te señalas? La cuestión es hasta qué extremo estamos dispuestos a no defender nuestros derechos. ¿Qué tiene que prevalecer, el bajarse de brazos, como hacen muchos por desgracia, y decir que, bueno, ya todo pasará o decir: vamos a defendemos? Eso es lo bueno que tiene la sociedad civil, su frescura de ideas, el no estar deformada por ninguna óptica particular, sino que son convicciones personales, plataformas que surgen para un determinado fin, no buscan el ejercicio del poder ni tienen otra ambición que la de resolver una cuestión concreta. Son la conciencia, el Pepito Grillo de la sociedad y los partidos políticos.
P.- ¿Y a qué atribuye que ese papal quiera jugarlo tan poca gente, precisamente por miedo a señalarse?
R.- Ese mensaje está siendo transmitido por las oligarquías del poder, precisamente para intentar acallar el debate, la discordancia, el que pueda haber personas que piensen de una forma distinta. Y cuando eso ocurre, se enciende la luz roja, porque cuando una democracia está sana es cuando hay debate. Cuando no se produce el debate, la democracia enferma y toma derroteros totalitarios. Todavía me acuerdo de aquella famosa frase de ‘quien se mueve no sale en la foto’ que dijo un responsable de cierto partido político. Mire usted, yo quiero moverme, porque yo quiero formar parte de la sociedad y quiero defender mis derechos, y para eso tengo que moverme. Si eso significa, señalarte, pues te señalas y no pasa nada.
P.-Toda lucha tiene un fin: ¿qué pretende usted evitar oponiéndose a EPC?
R- Si EPC no es frenada, será un instrumento de ideologización de la sociedad. Con ella se persigue el pensamiento único. Y la consecuencia del pensamiento único es la desaparición de la democracia.
P.- ¿Corremos el riesgo de que esta democracia acaba siendo sólo formal o aparente?
R.- No lo creo, y precisamente por lo que decíamos antes. Desde la sociedad civil se llamaría la atención de la necesidad de seguir debatiendo y de seguir introduciendo las herramientas que el ordenamiento jurídico nos permite para que la democracia sea democracia. Si llegara un momento en el que todo el mundo mantuviera una actitud de abulia absoluta, se correría el riesgo de que determinadas oligarquías del poder terminaran por convertirla en una democracia formal, pero no creo que vaya a ser el caso. No creo que lo permitiera nadie.
P.- ¿Actúa usted movido por su militancia política?
R- No, esto surge de una forma absolutamente individual. De hecho, yo no someto mi decisión a ninguna organización. Lo que sí hice fue comunicarla. No he recibido jamás ningún tipo de indicación ni de presión de dirección de ninguna clase; es más, en este asunto no admito que nadie pretenda decidir por mí que es lo que tengo que hacer. Igual que actúo contra la administración educativa porque creo que se está vulnerando el derecho a educar en libertad a mis hijos, no aceptarla nunca una directriz política de nadie. Es cierto que pertenecer a una organización puede suponer en algunas ocasiones una limitación de tu libertad, pero en este caso no lo va a ser para mí.
P.— Cuando alguien desde la sociedad civil destaca, los partidos suelen responder de dos formas: lo ignoran o lo fagocitan. ¿Ha recibido algún tipo de oferta a la vista de su éxito?
R.— No, Chaves no me ha ofrecido todavía la Consejería de Educación. Si lo hiciera, pondría mis condiciones. No he recibido oferta política de ninguna clase por parte de nadie, ni la espero. Sí ha ocurrido, y me ha molestado, que algunos medios hayan querido intoxicar la información identificando mi pertenencia a una estructura política con mi actuación contra Educación para la Ciudadanía. A nadie se le escapa que esa contaminación es una herramienta que se suele utilizar con mucha frecuencia desde determinados ámbitos y por tanto no hay que darle mayor importancia.
P.— ¿No resulta penoso que el gran debate sobre la Educación gire entorno a una asignatura y no sobre lo escaso de su calidad?
R.— Cuando empezó este movimiento contra EPC, eso era lo primero que yo decía. El gran debate de la Educación no está en EPC, sino en la calidad educativa. EPC no es sino una evidencia más que pone de manifiesto la situación de grave crisis en la que está la educación. Es verdad que el debate deberla centrarse en la Calidad, en lograr que los profesores vuelvan a ejercer su magisterio Está comprobado que los dos principales problemas que sufre la educación -la falta de calidad y la violencia—radican en lo mismo: la pérdida del papel del profesor en el ejercicio de su magisterio. Con la Logse se introdujo una teoría psicopedagógica según la cual el profesor dejaba de ser maestro y se convertía en un facilitador de información, trasladándose la responsabilidad de educar desde el profesor al alumno. De ese modo, la capacidad de liderazgo del profesor desaparece, pero como todo grupo ha de tener un líder, ¿quién se hace con el liderazgo de la clase? P.— ¿Le parece casual que coincida el descenso de calidad de la educación con la aparición de EPC?
R.— Dicen que pocas cosas ocurren por casualidad.
P— ¿Es, a pesar de todo, optimista mirando al futuro?
R.— Sí, porque todo este debate social que se está produciendo ha hecho que los padres estemos mucho más encima de los estudios de nuestros hijos. Si eso sigue ocurriendo, los padres seremos quienes demandemos mejores servicios.
P.— ¿Existe en Andalucía, a la vista de todo esto, libertad de educación?
R.— En tanto en cuanto que no me permiten elegir el ideario del centro educativo que yo quiero para mis hijos, no.
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