Carmela convive con tres ratas y un perrazo, porque dice que tiene miedo a los ladrones. Está sola y recorre las calles de Sevilla pidiendo dinero, ropa, comida… lo que sea.
Era guapa, y ahora le da igual que las arrugas le crucen la cara y su pelo sea una mezcla de gris y amarillo. Su marido murió hace cinco años. Sus hijas, antes que su marido.
Una se le fue de las manos, y se hizo prostituta. Una mañana encontraron su cadáver flotando en el Guadalquivir.
Educó como pudo a sus dos nietos: Domingo y Sebastián. No eran malos chavales. Sólo que, con tanta penuria, pasaron del rollo de la vida y se metieron en la droga. Uno está en la cárcel y el otro en un centro de menores. Yo creo que Carmela nos quiere un montón. Cada mes, puntualmente, llama a la puerta de Tancal y conversamos:
-Ya voy a Misa todos los domingos-. Me dice Carmela. -Y también a catequesis con las Hermanas de Sor Ángela…y entonces sonríe y asoman de su boca los pocos dientes que le quedan.
Ayer fueron a verla Alberto, Esteban y Rubén. No sé si decir que uno de ellos es el protagonista del “Cambiará. Estoy seguro”, que publiqué hace unos días. Vaya si está cambiando…
Carmela les invitó a pasar a su “casa”.
-Olía a pis…-, me dijo luego Alberto.
Carmela es recia y llora poco. Ayer lloró, pero estaba contenta. Cuando los tres chavales, impresionados pero contentos, entraron en el club a estudiar después de la visita, me quedé a solas con ella.
-Carmela, ¡eres grande! Nos sabes cómo estás ayudando a estos chicos a ser generosos- le dije entusiasmado.
-Si esto ayuda… me dijo mientras se marchaba. Y volvió a sonreír.
Te felicito como sabes contar historias, de las buenas, de esas que no salen por tv. Gracias.
Gracias, Ljudmila, pero la realidad siempre supera lo que nos dicen en la tele. No te olvides de rezar por nosotros.
tengo pruebas que la realidad supera la ficción! Te prometo mis oraciones.